Tuvo una infancia digna de príncipes y estudió Derecho en la Universidad de San Marcos donde conoció realmente al Perú.
Tuvo una infancia digna de príncipes y estudió Derecho en la Universidad de San Marcos donde conoció realmente al Perú.

Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un bistec a lo pobre con plátano y huevo frito. Para tomar pidió una jarrita con chicha morada heladita.

María, el martes el Perú perdió a una de sus glorias de la literatura y tal vez una de las más queridas. Se fue Alfredo Bryce Echenique, el autor de ‘Un mundo para Julius’ y ‘La vida exagerada de Martín Romaña’. Bryce, nieto de un presidente de la república, tuvo una infancia digna de príncipes y estudió Derecho en la Universidad de San Marcos donde conoció realmente al Perú. Vivió la mayor parte de su vida en Europa donde publicó sus obras más conocidas, aunque no logró integrar el llamado ‘Boom latinoamericano’, ese parnaso de la literatura que sí abrió sus puertas a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar. Aún así, publicó auténticos bestsellers con obras que graficaban -con un lenguaje oral- la vida de personajes enteramente limeños y de una clase social elevada, a la que él mismo integró pero criticó con sutileza en sus escritos. Especialmente en ‘Un mundo para Julius’, que salió a la venta en 1970 cuando tenía 31 años, donde cuenta la historia de un niño privilegiado, un alter ego de Bryce, atrapado en un palacete de la avenida Salaverry, con una madre hermosa y joven pero distante. Al igual que José María Arguedas, entabló cariño con los sirvientes de la casa, quienes lo acogieron con un cariño espontáneo y sincero. La novela, la primera del escritor, es también el retrato de una época que estaba muriendo, un mundo en crepúsculo, la de los terratenientes antes de la irrupción del desborde popular que hoy caracteriza al Perú. Con la muerte de Bryce, el Perú ha quedado huérfano. El querido Alfredo integraba la trilogía de oro de nuestras letras con Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro. El primero Nobel de Literatura y el segundo el cuentista más querido de Latinoamérica. Pero sobre todo se ha ido una generación que no solo producía novelas mundiales, sino que eran intelectuales, pensadores y líderes de opinión. Hoy, que tenemos a los Acuña, Luna, Jerí y Balcázar en el poder, eso nos duele más”.

Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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